¿Qué nos dice el ADN sobre quiénes somos? ¿Cuánto de nuestra historia está escrita en los genes y cuánto depende del ambiente? Estas fueron algunas de las preguntas que guiaron la conversación “Genética del futuro”, realizada en el marco del festival Puerto de Ideas Antofagasta 2026.
El encuentro reunió a la investigadora chilena Juliana Vianna y al genetista franco-español Lluis Quintana-Murci, en una conversación moderada por el periodista Polo Ramírez. Durante la charla, ambos científicos exploraron el potencial de la genética para comprender la evolución de las especies, el origen de las enfermedades y las nuevas fronteras de la medicina.
El genoma: el libro de instrucciones de la vida
Los investigadores comenzaron explicando qué es el genoma y por qué su estudio ha revolucionado la biología moderna. El genoma corresponde al conjunto completo de información genética de un organismo: una larga secuencia de ADN organizada en cromosomas que contiene los genes responsables de dirigir el funcionamiento de los seres vivos.
Hoy, gracias a tecnologías avanzadas de secuenciación, los científicos pueden leer esa información con una precisión y velocidad impensadas hace apenas dos décadas. Como explicó Vianna, el proceso consiste en fragmentar el ADN, secuenciar cada parte y luego reconstruir el genoma completo mediante herramientas de bioinformática.
Genes y ambiente: una historia compartida
Uno de los mensajes centrales de la conversación fue que la genética no determina completamente nuestro destino. Según Quintana-Murci, los seres humanos somos el resultado de la interacción constante entre nuestros genes y el entorno.
Esto significa que, aunque podamos tener predisposiciones genéticas a ciertas condiciones —como enfermedades metabólicas—, factores como la alimentación, el ambiente y el estilo de vida también influyen profundamente en nuestra salud. En palabras simples: el ADN establece un marco de posibilidades, pero la historia final se escribe con la experiencia.
El ADN como archivo de la evolución
La genética también permite reconstruir la historia de la vida en la Tierra. Analizando mutaciones acumuladas en el ADN, los científicos pueden rastrear el origen y la diversificación de las especies a lo largo de millones de años.
Vianna ilustró este punto con el caso de los pingüinos, cuya distribución actual refleja una compleja historia evolutiva que se originó en el hemisferio sur. En humanos, este tipo de análisis ha permitido comprender procesos como la migración fuera de África y el poblamiento de América.
Diversidad genética y conservación
La conversación también abordó el valor de la diversidad genética para la supervivencia de las especies. Quintana-Murci explicó que el mestizaje ha sido clave en la historia evolutiva humana. Un ejemplo es el cruce entre Homo sapiens y neandertales: hoy, muchas poblaciones fuera de África conservan entre un 2% y 3% de ADN neandertal, lo que habría contribuido a procesos adaptativos.
En el caso de la biodiversidad, la diversidad genética es igualmente crucial. Vianna destacó que varias especies chilenas enfrentan desafíos de conservación asociados a su baja variabilidad genética, entre ellas el Huillín, el Zorro de Darwin y la Guiña.
Comprender el genoma de estas especies permite evaluar su estado de salud poblacional y diseñar estrategias más efectivas para su protección.
Evolución en tiempo real
Lejos de ser un proceso del pasado, la evolución continúa ocurriendo. Quintana-Murci explicó que, en los últimos miles de años, el sistema inmunológico humano ha experimentado una intensa selección natural en respuesta a enfermedades infecciosas, especialmente en regiones con alta densidad poblacional donde la interacción entre humanos y patógenos ha sido mayor.
El futuro: medicina personalizada y soberanía sobre la biodiversidad
Mirando hacia adelante, los expertos coincidieron en que la genética tendrá un papel central en el desarrollo de la medicina personalizada. El análisis del perfil genético de cada persona, combinado con factores ambientales y microbiológicos, permitirá diseñar tratamientos más precisos y efectivos.
Al mismo tiempo, Vianna subrayó la importancia de avanzar en el conocimiento genómico de las especies que habitan Chile.
“Para tener soberanía sobre nuestra biodiversidad, primero debemos comprenderla”, señaló.
Vivir más… y mejor
El cierre de la conversación apuntó a uno de los grandes desafíos científicos y sociales del siglo XXI: no sólo aumentar la esperanza de vida, sino mejorar su calidad.
Para ello, concluyeron los investigadores, será clave comprender cada vez mejor la compleja interacción entre genes, ambiente y salud, integrando el conocimiento genético tanto en la investigación científica como en las políticas públicas.